Solaris: Un nuevo comienzo



“El tiempo, al fin y al cabo, no es una cosa, sino una idea. Desaparecerá en el entendimiento”, cita de la novela Los Demonios de Dostoievski, escritor de la misma tierra natal del director de esta película. Si hay algo en lo que ha profundizado Tarkovski, es en el tiempo. De hecho, escribió un libro sobre esto, titulado “Esculpir en el tiempo”. En éste, el director señala que al igual que un escultor que trabaja los contornos de su futura creación, moldeando y sacando todo lo que no va a utilizar, el artista cinematográfico aparta de los enormes y complejos hechos vitales todo lo innecesario, conservando sólo los elementos que estarán presentes en su futura película. “El cine surge de la observación inmediata de la vida. La imagen fílmica es en esencia la observación de un fenómeno inserto en el tiempo. (…)La imagen cinematofráfica es pues en esencia, la observación de hechos de la vida, situados en el tiempo, organizados según las formas de la propia vida y según las leyes del tiempo de ésta”, cita del libro recién mencionado. Para hablar entonces de Solaris y de Tarkovski tenemos que hablar del tiempo. Su ritmo, sus silencios y pausas, nos llevan a percibir las imágenes fílmicas como algo sagrado y poético, entregando un elemento espiritual en la experiencia cinematográfica. El director logra traspasar varias capas de profundidad, dejándonos con preguntas existencialistas y conectándonos con intensos sentires como el vacío espiritual, la trascendencia, la desesperanza y la fe.

Solaris no es entonces una típica película de ciencia ficción, es más bien una sucesión contemplativa de paisajes y tiempos. Por lo que más que sentir tensión y entretenimiento, el espectador termina compenetrándose con el océano de Solaris, entrando a un estado de ensueño y meditación. Y desde esa mente que surge en nosotros, nos lleva a reflexionar sobre las relaciones humanas, las crisis interiores, la vida moderna y la búsqueda de armonía y amor en un mundo lleno de disonancias.

En el libro “Esculpir en el tiempo”, Tarkovski escribe: “En cierto modo, todas mis películas tratan este tema: que los hombres no están malviviendo, solitarios y abandonados, en un universo vacío, sino que con incontables lazos están unidos con el pasado y el futuro”. Y el planeta Solaris, con su capacidad de introducirse en la mente de los tripulantes, trayendo imágenes de su pasado al presente de los personajes, intensifican esta idea del tiempo del director. Lo cual nos deja pensando en nuevas preguntas: ¿Vivimos atrapados en nuestros recuerdos? ¿Tratamos de volver siempre a los momentos en que fuimos felices? Y en medio de estas preguntas, aparece la infancia y la naturaleza como elementos esenciales, casi como un paraíso perdido, donde Kris, el protagonista, necesita volver y buscar ciertas respuestas.

Entre las conversaciones de los protagonistas se van articulando preguntas y reflexiones sobre el universo, sus misterios y las criaturas que lo habitan. ¿Por qué seguir buscando nuevos planetas? pregunta uno de ellos casi al final del film. Luego él mismo se responde, “lo único que necesita un ser humano es a otro ser humano”. Y pareciera que ese fuera el ideal que Tarkovski quiere sembrar en nosotros: el volver a unirnos y reencontrarnos. Nos necesitamos, y toda oscuridad pareciera venir de las fracturas, individualismos y separaciones que hemos construido como especie durante tantos años.

Por Bárbara Huberman

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Solaris

Dirección Andrei Tarkovski

Año 1972

Duración 166 minutos

Guión Andréi Tarkovski y Fridrikh Gorenshteyn

Música Eduard Artemiev

Fotografía Vadim Yusov

Productora Mosfilm/ Chetvyortoe Tvorcheskoe Obedinenie



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