Metrópolis: Cuerpo, manos, cabeza y corazón


Metrópolis, rodada en 1927 y ambientada en 2027 no sólo sembró las bases de la ciencia ficción, sino que hasta el día de hoy es considerada una de las cumbres del cine y de todo arte en general. Además fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El film se grabó en 16 meses, y contó con la participación de casi 40.000 actores. Fue un viaje a Nueva York, el que le dio la clave al director para terminar de idear el look y ambientación del lugar que imaginaba.

Metropólis es una gran ciudad que ha crecido de manera vertical, donde la clase trabajadora vive en el inframundo y el jefe y su familia en la cima de los edificios. El lugar está lleno de complejas maquinarias, que se mantienen con vida, gracias al alienante trabajo que realizan los obreros. Freder, el hijo del propietario de todo este sistema, se enamora de María, una joven que actúa como predicadora en la Ciudad de los trabajadores y que sube a la superficie para mostrar a los niños de los obreros como son sus hermanos de las alturas. Freder queda cautivado con ella y comienza a internarse más en el mundo de los trabajadores, lo cual va generando en él una sincera compasión por las condiciones laborales de la mano de obra de su padre. Esta compasión lo motiva a querer buscar nuevas soluciones y a ser un mediador entre los trabajadores (las manos, como dice en la película) y su padre (la cabeza). Sin embargo, el padre asustado con los cambios en su hijo busca de aliado a un científico inventor, que en obsesión por un antiguo amor, la madre de Freder, ha creado una réplica robot de la mujer. Juntos idean darle a este robot la apariencia de María, para así quebrar el amor con su hijo, y su liderazgo virtuoso con el pueblo. Pero el plan se les irá de las manos, y la destrucción, venganza y violencia se apoderarán de Metrópolis.

El film plantea una problemática que sigue con la misma vigencia a pesar de que han pasado casi 100 años desde que se rodó la película, por lo que como espectador quedamos con ciertas preguntas rondando luego de verla: ¿Cuáles son nuestras heridas que perduran en el tiempo? ¿Cómo han cambiado nuestras relaciones laborales en los últimos 100 años? ¿Por qué el trabajo en vez de dignificar incluye en sus entrañas las palabras poder y abuso? ¿Existirá alguna vez un mundo sin esa desigualdad sistémica que nos presenta Lang y que hoy seguimos viviendo a lo largo de todo el mundo? Ante estas problemáticas, el director señala en una frase casi al final del film: “Mittler Zwischen Hirn und Händen Muss das Herz sein!”, lo cual quiere decir “El mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón”, refiriéndose a los obreros como las manos y al jefe como la cabeza.

En cuanto a las imágenes y el montaje hay en varias ocasiones que las secuencias de los trabajadores se sienten casi como bailadas; como las escenas de los operadores dándole vida a las máquinas, los obreros todos vestidos igual entrando y saliendo, o el chico del reloj laburando moviendo las manillas de éste con todo su cuerpo. Y aquí abrimos otra temática que resalta en el film mudo; la corporalidad. Los personajes expresan todo lo que van sintiendo a través de movimientos y gestos no sólo del rostro, sino que de todo su cuerpo. Las cejas, los ojos, el pelo, la boca, la nariz, los hombros, el pecho, las caderas, las manos, los pies, todo pareciera hablar. De esta manera, la tríada dirección, música y montaje logran hacer del caminar, el correr, la operación de máquinas, la protesta, y la manifestación de las masas, una experiencia sensorial, bailada, rítmica y dinámica.

Metrópolis nos deja vibrando y con la certeza incómoda de que somos esas contradicciones que Lang nos presenta. Somos unión, virtud, luz, trabajo, esfuerzo y compasión. Pero también somos poder, abusos, rabia, violencia, injusticia y oscuridad. Y somos sin duda, cuerpo, cabeza, manos y corazón.

Por Bárbara Huberman

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METRÓPOLIS

Dirección Fritz Lang

Año 1927

Duración 148 minutos (restauración año 2010, la original duraba 153 minutos)

Guión Thea von Harbou

Música Gottfried Huppertz

Fotografía Karl Freund

Producción UFA (Universum Film AG)



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