La Ciénaga: Pequeños detalles que vislumbran realidad

Actualizado: may 4


Lucrecia Martel es una de las directoras más representativa del cine argentino. La autora nacida en Salta ha mostrado sus intereses temáticos a lo largo de su filmografía; protagonistas pertenecientes a la clase media con problemáticas complejas, donde el mundo que construye está siempre amenazado, lleno de accidentes e inestabilidades. Primero hay una primera legibilidad del conflicto de sus personajes, pero después hay un sinfin de detalles que van develando nuevas capas de los protagonistas y sus conflictos. Detalles que van construyendo la realidad que Martel quiere transmitir. La naturaleza es otro elemento presente en sus films, por eso la incluimos en este ciclo “Cine y Natura”. En particular, la directora pareciera comunicar a través del agua, que aparece como un elemento trascendental para reflejar el estado psicológico de sus personajes.

La ciénaga (2001), es su primer largometraje, y se trata de un relato coral que por momentos se concentra en dos personajes femeninos: Mecha y Tali. El relato no tiene un tono narrativo clásico de inicio, desenlace y conclusión, lo que estimula diferentes interpretaciones en nosotros, los espectadores. El inicio y el final de la película muestran el plano de una piscina con agua estancada, que da la sensación que representa el sentir del ambiente familiar que retrata la directora; todo aquello que esta familia no se dice, no se cuenta, todo lo que no se conversa ni se busca revertir. Con esa agua estancada, Martel crea una atmósfera que genera una sensación perturbadora y asfixiante en el espectador, tan densa como el calor que está siempre presente, como otro elemento que aumenta la densidad de las escenas. La directora se sumerge en esa piscina de aguas turbias y a través de la repetición de la cotidianeidad, nos muestra la intimidad de una familia en descomposición. Una familia que por distintas razones, varios de los personajes poseen cicactrices y que en algún momento se encuentran en situaciones peligrosas, como un retrato duro a la decadencia y a la desesperanza del presente.

El año 2015 la revista Fuga entrevistó a Lucrecia Martel donde la directora contó una anécdota con respecto al estreno de la película La ciénaga: “…una señora de la panadería a la vuelta de la casa me dijo: ‘me dijeron que en esa película se ve bien cómo nos tratan’. Y yo digo, eso pasa en Salta hace siglos, ¿por qué uno lo logra ver en una película? Si es igual a lo que pasa en tu casa, no es más subrayado, ¿por qué cuando lo ves en la pantalla te choca? Eso es la fuerza del cine: lo que no ves a la vuelta tuya, de golpe sí lo ves en una historia reproducida en la pantalla”. Y de esta cita podemos rescatar la fuerte crítica a la clase media argentina que hace también la directora, en la relación que muestra entre “patrona” y “china” (como le decía despectivamente Mecha a Isabel) en el film.

En esta película un elemento recurrente es la repetición. Temas, frases y situaciones que se repiten, como por ejemplo la mención de la rata africana, el viaje a Bolivia para comprar los útiles escolares, la noticia de la TV sobre la aparición de la virgen en la torre del agua. Y esa repetición del cotidiano agudiza el sentimiento de estancamiento, y da la sensación de no salida. Eso sumado a que la cámara de la directora tiende a quedarse mucho rato en las habitaciones, en el encierro físico y psicológico de cada personaje, por lo que se comienza a entretejer una angustia de que esos niños y adolescentes no van a poder salir de ese laberinto y van a repetir la vida de sus padres. Tal como lo dice una de las protagonistas, Tali, en una escena en el auto: “Si no se habla, los niños lo van a repetir”. Pareciera que en esa frase está ese peligro constante que uno siente por cada uno de esos niños y adolescentes…que su destino ya está trazado y que no estará ausente de desgracias, accidentes, inestabilidades y desencuentros.

Por Bárbara Huberman


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La Ciénaga

Dirección Lucrecia Martel

Año 2001

Duración 102 min

Guión Lucrecia Martel

Música Herve Guyader, Emmanuel Croset

Fotografía Hugo Colace

Productora Cuatro Cabezas / TS Productions / 4k Films / Wanda Visión





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