Pina: Poesía y baile

Inspiradora, esa es la palabra que queda después de ver esta película. La figura de Pina, su trabajo, la puesta en escena, la admiración de sus bailarines hacia su persona, las locaciones, las obras escogidas, los colores, todo inspira y se nutre entre sí. Y a la vez todo pareciera transformarse en danza, incluso la cámara de Wenders se le siente bailar. Danza el desierto, el agua, la tierra, las sillas, el hipopótamo, cada elemento potencia el movimiento y genera no sólo una experiencia sensorial sino que también una experiencia poética.

La idea original de esta película se inició como un sueño colectivo entre el director y la misma coréografa Pina Bausch, el cual tuvieron por más de 20 años. Pero la repentina muerte de la rupturista bailarina a mitad de los preparativos para el rodaje imposibilitaron la realización de esa idea de film juntos. Sin embargo, Wenders siguió adelante y convirtió el documental en un homenaje hacia ella. Mutando la idea de hacer una película con Pina, a una película para Pina, en la que serían sus bailarines y sus obras, su voz y cuerpo. El rodaje tuvo una duración de un año, en el cual los bailarines que trabajaron con la coreógrafa recordaron sus experiencias y los bailes que hicieron juntos.

Al ver el resultado final, pareciera que Wenders se compenetra en su filmación con el estilo y filosofía de Pina, y se convierte en un explorador, al igual que ella. Indagando en nuevas posibilidades de la danza y del teatro, y trasladando las fronteras de la danza a nuevos espacios: una montaña, el desierto, una casa de paredes de cristal, una mina. Esto sumado a la tecnología 3D genera una retroalimentación, que nos permite naufragar en profundidad en la búsqueda y sentimientos de Pina Bausch. Y a la vez en la búsqueda y sensibilidad del director.

Los movimientos de los cuerpos nos llevan a ese mundo sin palabras que describe Pina, a una dimensión de expresión donde cada detalle se entrelaza al otro, y donde se genera un espacio de comunicación para nuestros sentires humanos más complejos y fascinantes. La angustia, la soledad, la fragilidad parecieran moverse entre manos, dedos, hombros, caderas, pies, piernas, boca, cabelleras y ojos. Cada bailarín, cada cuerpo, cada rostro, cada relato nos hace viajar a una emoción y sensación, la cual Wenders capta y la hace volar a través de su arte.

Por Bárbara Huberman

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PINA

Dirección Wim Wenders

Año 2011

Duración 106 minutos

Guión Wim Wenders

Música Thom Hanreich

Fotografía Hélène Louvart

Producción Wim Wenders, Gian-Piero Ringel




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